La otra vez caminé por una avenida abandonada. Y vi correr a un ratoncito tan gris como el pavimento cuarteado, y no me espanté. "¿Dónde quedó mi miedo", inevitablemente lo pensé.
Ahora en mi habitación sin ratoncito me doy cuenta que aún le temo a los ratones sólo que en ese momento lo olvidé porque pensaba en ti.
martes, 9 de diciembre de 2008
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