lunes, 5 de enero de 2009
La vida para...
Los días son los fines necesarios para un mismo sueño que llamamos vida. La conclusión más certera para cavar buscando el éxito en las nubes de cemento, para asistir de pie a nuestro repetitivo entierro, para obrar con dedos y esculpir a un ornitorrinco en las fauces de la memoria, para acariciar los tobillos de los edificios y la mejilla y la aureola de la media luna en la última hora, para abrir en el cielo un orificio por el cual nos observen las estrellas, para decir que aún hay tiempo con rostro bisiesto y con voz prestada para que nos crean, para creer en los apretones de manos, para rescatar al ornitorrinco del alzheimer de la rutina, para ser gregario y a veces Gregorio y a veces gregoriano y muchas veces alguien que dejó su hombría junto a su humanidad donde olvidó su cultura -vale, que lo apruebo-, para ser ese filo que apuntala como una veleta y esa modorra sobre la que se juega lingo. Para ser ese titular que todos esperan, para hacer de la onicofagia un estilo de vida, para escuchar las razones del "buenos días", para ver en blanco y negro el mismo espejismo, para existir y ser en el latido, para ser dios por un ratito.
"... y Esperanza a la canción"
La esperanza tiene muchas cualidades para no ser cierta. Y en esa incertidumbre se encuentra el diástole y el sortilegio que me aferran a ella.
Gracias
Hay ciertas palabras que desmayan antes de cruzar la puerta ¿Cómo cuál? Gracias, por citar un manido ejemplo. Gracias por explicarme quién llora después del cielo. Gracias por mostrarme al que desovilla horas bajo un sombrero. Gracias por naufragar y por ser la luz que sobrevive a un incendio. Gracias, es una palabra que en telarañas me escucharás.
sábado, 3 de enero de 2009
Tiempo
Aunque que no lo vea, el tiempo está allí jalando por los hilos a la gran marioneta de las limitadas flechas como una sombra a diez hombres. A pesar de ello, me gusta creer que hay un tiempo para jugar, correr, amar, vivir en cada espacio del día sin direcciones convencionales... Escucho que es posible cortar los hilos, el tiempo es mi tiempo, sólo es necesario un poquito de alguien.
viernes, 2 de enero de 2009
jueves, 1 de enero de 2009
Desvaríos por un encuentro fugaz y violento
Que un fantasma me acuchille en el vientre ya es el colmo del absurdo más real que he vivido. Escuché la caída de una corriente eléctrica, me petrifiqué como lo hacen las cariátides, me asusté y no escuchaba mis rezos, creí en dios y en buda y en la tv. Petrificado. Con un eco hueco junto al ombligo. Con miedo. Como la leña. ¿Un fantasma o un extraterrestre? ¿Un demonio o Gabriel? Inmóvil con cerebro. Una herida que sangra ectoplasma. Un ruido detrás de mis oídos y delante de mis párpados. Hay nadie. Es invisible. Me lastima. Carnicero. Ya no era yo. Era un experimento. ¿Miedo? Todavía. Dejé de creer... Ya no hay corte, pero duele como si el magullado fuera mi alma, el que se va a volar a las cinco de la mañana. Hasta la próxima sesión, aún hay más por cortar. "Tu pena", dijo el maldito.
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