jueves, 1 de enero de 2009

Desvaríos por un encuentro fugaz y violento

Que un fantasma me acuchille en el vientre ya es el colmo del absurdo más real que he vivido. Escuché la caída de una corriente eléctrica, me petrifiqué como lo hacen las cariátides, me asusté y no escuchaba mis rezos, creí en dios y en buda y en la tv. Petrificado. Con un eco hueco junto al ombligo. Con miedo. Como la leña. ¿Un fantasma o un extraterrestre? ¿Un demonio o Gabriel? Inmóvil con cerebro. Una herida que sangra ectoplasma. Un ruido detrás de mis oídos y delante de mis párpados. Hay nadie. Es invisible. Me lastima. Carnicero. Ya no era yo. Era un experimento. ¿Miedo? Todavía. Dejé de creer... Ya no hay corte, pero duele como si el magullado fuera mi alma, el que se va a volar a las cinco de la mañana. Hasta la próxima sesión, aún hay más por cortar. "Tu pena", dijo el maldito.

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