miércoles, 14 de enero de 2009

A una amiga

Tienes y no sabes. Encantas, supongo que eso sí conoces. Y tienes ¿Qué? Es algo extraño, como un ángel desnudo paseando por las pistas, tienes algo así, la mezcolanza de un hechizo y el día, eres la hechicera, y no sabes. Quizás conoce, pero todos ya tendríamos que haber asimilado la distancia monstruosa entre el conocer y el saber, conoces que hay algo, y no sabes. Conoces que eres loca, aunque yo te haya dicho que eres mágicamente normal ¿entiendes qué es ser normal en un mundo anormal? Pero sí, creo que me equivoqué, no eres normal aunque en tus convenciones también sin conocerlo, intentes serlo. No eres normal porque me atrapas, si fueses una tapa parca no te estaría escribiendo ahora, no habría observado tus fotos para descubrir que te prefiero mientras te escucho, que tus instantes de estatua me llaman mas tus instantes que nacen y mueren sin cesar son los que te hacen especial, no normal, loca, aventurera en el día, la razón por la que conversamos con guiños del mismo asunto, quizá trivial, pero qué importa, nuestro pequeño globo lo inflamos a nuestro antojo. Todas las personas son excéntricas a su estilo, en sus pasos al cruzar observando el semáforo, cada quien es diferente pero a la vez normal. Supongo que eso de ser normal es también bastante subjetivo, alguien ajeno observa, alguien que está allí conoce. Todos simples porque somos vulgarmente hombres, y mujeres, claro, y a la vez raros, misteriosos, explosivos. Tú no eres normal, quizá cruzas las pistas de espalda y caminas por tus dominios sin darte cuenta que son tuyos. No eres normal porque no me das miedo, lo predispuesto me inventa fobias, la rutina me asquea, no creo en destinos, más bien sí me da miedo que una tarde despierte y me dé cuenta que no existes, que no existan los recuerdos de algunas mañanas, contadas tardes, aún escasas noches, me da miedo no observar más la bienvenida que sonríe en tus ojos, que no me digas amigo sintiéndolo y viviéndolo. Sabes que no puedo ser tan efusivo como tú, por eso recurro a estas palabras para expresarte que todo ello que dices y que te critico jugando, también lo siento. Tú tienes y no sabes. No sabes que tienes el corazón encendido, conoces que el corazón es metáfora de ciertos sentimientos. La amistad ¿dónde se ubica? Creo que donde convergen las sonrisas y llantos de las dos personas que están allí, eso es la amistad, es el músculo que hace siameses. La amistad calienta en el pecho, como el emoliente de la mañana. Y me haz capturado. Me haz explicado sin darte cuenta que aún hay color en este mundo anormal de gente anormalmente normal. Tienes un amigo. Y yo tengo una amiga. Imagina por un momento que somos alienígenas y paseamos por este cielo en una nave especial y luego nos vamos a ver una película en otro planeta. Imagina que la nave se avería y tenemos que volar a nuestro destino. Luego, imagina que encontramos a más como nosotros jugando entre las estrellas, allí están los que tú esperas y en grupo vemos la película sobre terrícolas actuada por tipos como nosotros. Luego date cuenta que hemos imaginado juntos, hemos proyectado un absurdo en compañía. Eso también hacen los amigos, sueñan y buscan que el otro cumpla sus sueños, además, se acompañan en cualquier situación. Por eso eres importante, eres la tapa que dice léeme, uno de los ápices de la estrella, la que sonríe y cuenta, y habla, sabiendo esta vez sí, que se le escucha.
Estabas triste, ¿cuál es tu ánimo ahora? Son casi las tres de la mañana y sabes, no tengo sueño, tengo revoloteando junto a una polilla, una especie de ansiedad porque sea más rato aunque los brazos del mundo se levanten anormales; tú duermes supongo, mas eres loca, quizá haces locuras ¿no? Y loco yo por escribirte cuando se cierra el ángulo, y por ensalzarte, prestándose a malas interpretaciones. ¿Por qué? Quiero demostrarme que es posible la amistad entre un niño y una niña, entre el hasta por aquí y el hasta por allá, siempre escapé a ese tipo de relación. Intentémoslo. Además, tú tienes a “la persona que espero”, conocemos quién es, y me causa gracia pues yo no tengo a “la persona que espero”, nos presentamos disímiles. Sin embargo, eres un buen hombro, una buena compañía, me ayuda a seguir.



Había escrito algo previo, pero me parecía muy complicado, muy yo y egoísta. Por eso este texto, en el que intento ser lo más franco contigo, intento no meter la pata y arruinar aquello que nació sin darse cuenta. Conoces y no sabes. Creo que es suficiente, lo mismo me ocurre a mí. Y me gusta vivir así. Aunque sí sé algo y quiero que lo sepas también: Estoy aquí.

No hay comentarios: