lunes, 5 de enero de 2009
La vida para...
Los días son los fines necesarios para un mismo sueño que llamamos vida. La conclusión más certera para cavar buscando el éxito en las nubes de cemento, para asistir de pie a nuestro repetitivo entierro, para obrar con dedos y esculpir a un ornitorrinco en las fauces de la memoria, para acariciar los tobillos de los edificios y la mejilla y la aureola de la media luna en la última hora, para abrir en el cielo un orificio por el cual nos observen las estrellas, para decir que aún hay tiempo con rostro bisiesto y con voz prestada para que nos crean, para creer en los apretones de manos, para rescatar al ornitorrinco del alzheimer de la rutina, para ser gregario y a veces Gregorio y a veces gregoriano y muchas veces alguien que dejó su hombría junto a su humanidad donde olvidó su cultura -vale, que lo apruebo-, para ser ese filo que apuntala como una veleta y esa modorra sobre la que se juega lingo. Para ser ese titular que todos esperan, para hacer de la onicofagia un estilo de vida, para escuchar las razones del "buenos días", para ver en blanco y negro el mismo espejismo, para existir y ser en el latido, para ser dios por un ratito.
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