martes, 11 de noviembre de 2008

Con miedo


Escucho miedo en el silencio

que se escurre como gelatina en la última hora
Ay... la última horaesa tosca, vulgar, ansiosa,

esa que mitiga la piel en la que escarbo
y escarba en mi disfraz como tatuándole un socorro.

No hay versos

para calentar mis mejillas,

aunque siempre hay dedos para despertar las tuyas y

me duele
como un lunar de carne en la noche,

también las costillas y las clases de planificación

y la onicofagia, y los abrazos que ya no doy
ya no tengo frazadas que sonrían

y mi almohada se aburrió de soñar,

y no hay quien meza mis hojas blancas
las veces que estoy solo
aunque lo parezca.

Tengo un ojo y un grito

y el pasado bifucardo en malo y en lo bonito,

el miedo surca mis cabellos

y corre por el lavadero,

sé bien que me llama con sus uñas

y me vuelve adicto a su voz,
el miedo,

mil reveses tomo de su sombrero,
veinte años en su órbita.

Soy triste

y muero cuando mis dientes se cagan de risa,

anduve cojo y un poquito ciego

por tropezar con la misma pena

aunque levantaba nubes en cada insomnio

¡qué los demonios no ostentan!
Busco un corazónuno sin parches, con algún ventrículo extra,
y busco a alguien que me aconseje mientras enciende velas
y enciende la noche

pero no aparecen, tampoco mi billetera
por lo que ahora soy puro morboso

y un voyeurista que se hace el loco

Sigo escuchando el miedo de lo nuevo

y me das más miedo doler más

que la piedra en la mejilla
que la última hora en el génesis
que la mano sin tinta, que la entrada de salida;

me cubren con desventura

me hacen jaque

y no importa aunque entre mis intestinos sí,

por lo que subiré otra vez a este noviembre

porque voy destornillado

botando sangre sobre lo que les falta

¡levanten el avispero!

y si pueden llámenme que estoy sordo
escuchando el miedo

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